Ana Taranto

Artista Plástica·Escultora·Ceramista

Obra cerámica de Ana Taranto

La materia
como memoria
del tiempo

Sobre mí

ANA
TARANTO

Obra cerámica de Ana Taranto

La materia como memoria del tiempo

Las formas que aparecen en la obra de Ana Taranto, los materiales que las constituyen y, muy especialmente, las texturas que deliberadamente permanecen expuestas no responden a una abstracción casual. Parecen pertenecer, más bien, a una extensa genealogía material y cultural que circunvala el Mediterráneo: territorios de extraordinaria riqueza mineral y cromática, modelados también por una naturaleza violenta, por el fuego, la piedra y la transformación. Sicilia, tierra de origen de su familia, y la presencia casi mítica del Etna forman parte inevitable de ese imaginario.

Esa relación con la materia comenzó mucho antes de que Taranto pudiera reconocerla como una elección artística. Desde muy pequeña estuvo vinculada al taller de su tía Toni, profesora de cerámica en la Escuela Nacional de Cerámica y en la Escuela Técnica Otto Krause de Buenos Aires.

En aquel taller de la calle Las Heras, Toni reunía los fines de semana a sus sobrinos. Era un espacio difícil de clasificar: algo de laboratorio, algo de territorio fantástico. Cerámicas, pigmentos y objetos convivían con un enorme horno casi industrial, entre conversaciones, relatos y una atmósfera de misterio. Allí Ana jugaba, observaba y aprendía sin saber todavía que estaba aprendiendo.

El taller era también lugar de encuentro de artistas de la vida cultural porteña —pintores, dibujantes y otros creadores— que experimentaban junto a Toni con las posibilidades de la cerámica. Aquel universo fue construyendo silenciosamente una memoria que muchos años después reaparecería transformada en la obra de Taranto: la fascinación por la materia, la superficie deliberadamente imperfecta, la huella del proceso y una particular relación entre volumen, cavidad y vacío.

Antes de regresar plenamente a aquella inclinación de la infancia, Ana Taranto realizó tres carreras universitarias. Su posterior formación en alfarería, cerámica y escultura en la ESEA de Cerámica N.º 1 le proporcionó el dominio técnico de una disciplina que, sin embargo, abordaría desde una posición profundamente personal. Su trabajo se resistió desde temprano a quedar contenido dentro de los lenguajes más convencionales de la cerámica.

Obra cerámica de Ana Taranto, vista frontal

En sus piezas persiste algo que parece anterior a su propia ejecución. Algunas formas remiten a una memoria mediterránea de tierras, hornos, minerales y culturas superpuestas; otras parecen acercarse aún más atrás en el tiempo, hacia el universo remoto del Creciente Fértil, cuando materia, utilidad, rito y representación todavía podían habitar un mismo objeto.

Pero Taranto no reconstruye el pasado ni intenta producir objetos arqueológicos. Es precisamente su capacidad de síntesis la que conduce esas resonancias ancestrales hacia una contemporaneidad radical. En sus manos, la forma se aproxima a una arquitectura espacial: curvas, cavidades y vacíos dejan de ser consecuencias del modelado para convertirse en elementos constitutivos de la obra. La materia construye el espacio, pero también el vacío participa de esa construcción.

Obra cerámica de Ana Taranto, vista lateral

Esa radicalidad formal no supone necesariamente abandonar la función. Algunas piezas conservan una relación directa con el uso cotidiano: un cuenco puede contener el agua que se bebe; una taza, una infusión. Función y escultura dejan entonces de presentarse como categorías opuestas y pueden coexistir dentro de una misma forma.

Actualmente, Ana Taranto trabaja en su propio taller, instalado en una amplia casona que funciona también como espacio de encuentro y de exposición. De alguna manera, algo de aquel misterioso taller de la infancia parece haber sobrevivido allí. La materia no es únicamente sometida a una idea previa: es observada, interrogada y acompañada en sus transformaciones. La intuición ocupa un lugar fundamental en ese proceso.

En ese espacio, rodeada ahora por sus propias obras, se completa también un extraño movimiento circular: aquella niña que observaba el fuego, las tierras y los colores en el taller de su tía ha construido, con los años, su propio territorio de experimentación.

Quizás por eso las piezas de Ana Taranto producen la sensación de contener un tiempo difícil de precisar. Son contemporáneas y, al mismo tiempo, parecen guardar la memoria de objetos que pudieron haber existido mucho antes que ellas.

Sus piezas no intentan reproducir el pasado: parecen recordarlo desde la materia.

EXPOSICIONES

Evo, escultura de Ana Taranto
Evo · 2025
Taller de cerámica de Ana Taranto

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